Un hombre, ocupado con el trabajo y la juerga, deja accidentalmente a su pequeña hija encerrada en el coche. Un transeúnte solidario, al notar el peligro, intenta romper el cristal para salvarla, pero es acusado falsamente de ladrón de coches por los padres y obstaculizado de mil maneras. La madre, ocupada jugando a las cartas, y el padre, de juerga, se echan la culpa mutuamente, sin darse cuenta de que la niña se está asfixiando. Finalmente, gracias a la astucia de la niña y a la perseverancia del transeúnte, se evita una tragedia.
Iniciar sesión para unirte a la conversación