Naoya Gotō (interpretado por Ogawa), hijo del presidente de una empresa, sobresaliente en artes marciales y estudios, en la cima de la pirámide escolar, y Kōmei (interpretado por Seto), un marginado de bajo perfil a quien Naoya ordena de un lado a otro todos los días. Incluso ante las exigencias irracionales de Naoya, Kōmei siempre obedece. Diez años después, Naoya fracasa en la gestión de su empresa, lo pierde todo y se encuentra desempleado. Mientras tanto, Kōmei ha triunfado como joven presidente de una startup, y sus posiciones sociales se han invertido por completo. Aun así, Kōmei sigue sirviendo a Naoya como un criado. Esta es una relación patética y cómica, ligeramente retorcida pero nunca interrumpida. La obra retrata la devoción casi obsesiva de ambos, su lucha entre el orgullo y la inferioridad, y cómo su relación cambia gradualmente.
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