Sandra Lindström, de 41 años, desaparece y es encontrada asesinada. La policía descubre en su huella digital que había sido acechada en línea durante meses por un asesino desconocido que vigilaba cada uno de sus movimientos y enviaba videos amenazantes con rimas infantiles. Las detectives Naya Tulin y Mark Hess se unen nuevamente para investigar y descubren que el caso es idéntico al asesinato sin resolver de Emma Holst, una joven de 17 años, dos años antes. Ambas víctimas estaban envueltas en disputas por divorcio y custodia. A medida que la investigación avanza, surgen más pistas y el juego de caza del asesino continúa, obligando a los dos a enfrentar la oscura verdad detrás del caso.
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