Cuando su padre enciende una feroz lucha territorial entre bandas rivales, él, como hijo, intenta controlar el sangriento inframundo taiwanés, avanzando forzado entre la lealtad fraternal y su propia situación. Las fuerzas enemigas externas presionan sin tregua, y por dentro, los malentendidos y la tensión comienzan a agrietar la hermandad, haciendo que la lealtad ya no sea un apoyo garantizado.
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