En julio de 2010, las autoridades del condado de San Bernardino se enfrentaron a un caso extremadamente extraño. Tras recibir la llamada de un amigo, la policía llegó a la casa de la víctima y descubrió un asesinato impactante. La escena presentaba marcas rituales, y uno de los detectives reconoció rápidamente un símbolo pintado en el techo con la sangre de la víctima, relacionado con un asesino en serie que habían perseguido en 1995 y que parecía haber reaparecido tras 15 años de desaparición.
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