La coraza de mujer fría y distante se resquebraja poco a poco frente a su hermano menor. Discuten y se miran con desprecio, pero al instante, bajo la mesa del restaurante, los dedos de él se deslizan hacia su punto más sensible. De un encuentro apresurado en el baño a una noche entera de desenfreno en el hotel, él la somete, la penetra y la adiestra; ella pasa de la resistencia inicial a entregar su cuerpo por voluntad propia. Su rostro gélido se va tiñendo de deseo hasta que solo queda una esclava sexual que no deja de excitarse y gemir.