Frente a mi novio, su mejor amigo me va convirtiendo poco a poco en una perra que solo sabe excitarse y gemir... Esa experiencia tan vergonzosa, tan estimulante que te tiemblan las piernas, ¿hasta qué punto engancha? De la timidez y la resistencia a mover la cadera pidiendo que me follen, y luego, con collar, ser llenada delante de mi novio... Ese placer inmoral, ¿de verdad puede volverse adictivo?