El incesante canto de las cigarras y un verano inolvidable. Acompañamos a Xiaoxi, una mujer de la generación de los ochenta que ya camina hacia la vejez, quien una tarde, en el patio de su casa, charla con su nieto. El pequeño le pregunta cómo eran las vacaciones de verano en la infancia de los nacidos en los ochenta. Así, dormidos recuerdos de aquellos veranos despiertan de nuevo: la impaciencia por que llegaran las vacaciones, ir con la maestra a recoger manzanas al huerto, ayudar en las labores del campo y, en los ratos libres, reunirse con los amigos para corretear sin freno. Cazar cigarras con una vara pegajosa, pescar peces en el río, trepar a los árboles para coger fruta, robar melones a escondidas, saltar a la goma, jugar al volante; y al terminar de jugar, volver a casa a cocinar para los padres, y al acercarse el inicio de clases, trasnochar para ponerse al día con los deberes. Una vieja época llena de vida cotidiana y travesuras campestres que relata la ternura y el bullicio propios de un verano de los años ochenta.